Sector
¿Cuál es el Efecto Real de la Migración Venezolana?
Jueves, 11 Enero 2018 11:25

Written by  Artículos Especiales
Comparte en redes sociales

Enero 11- En la historia quedaron los tiempos aquellos donde Venezuela era considerada “el sueño americano”. Se trataba de los años 70’s, 80’s e incluso 90’s, periodos en los cuales se dieron las mayores migraciones demográficas y económicas hacia Estados Unidos, un evento que también se dio en la región Caribe, y que se direccionó hacia Venezuela. Se trataba de una nación pujante, impulsada por las altas reservas de petróleo y por el precio que el barril empezaba a ganar valores relevantes. Ahora la situación es muy diferente.

venezuelaemigra
Fuente: Shutterstock

Los primeros en migrar fueron los pobladores rurales de la costa Caribe colombiana. Paulatinamente, se sumaron residentes de las grandes urbes colombianas, quienes se direccionaban a las capitales venezolanas, pero sobre todo a Caracas, donde tomaban los trabajos que los locales no querían ejercer, aquellos oficios de mano de obra intensiva entre los que cabe mencionar el servicio doméstico, la albañilería, la electricidad, la mecánica automotriz y la carpintería. Incluso los profesionales titulados en derecho, medicina o ingeniería ejercían esos oficios mientras se presentaba la oportunidad de nivelarse académicamente para acceder a un mejor empleo.

Una vez logrado dicho objetivo, el migrante retornaba a Colombia, pero a buscar a su esposa e hijos para irse definitivamente; en otros casos enviaba dinero a sus familiares pero nunca con la idea de retornar. Finalmente, estaban los que no volvían, porque enraizaron en Venezuela. Ahora, el panorama se invirtió y al país llegan aquellos colombianos que una vez se marcharon, bien sea obligados o por su propia voluntad, con el agravante de que vuelven acompañados de familiares y amigos venezolanos, lo que ha ido transformando la realidad nacional en varios aspectos, algunos que los mismos medios de comunicación pasan desapercibidos (Ver: ¿Goldman Sachs Financia a Venezuela?).

Entre esas transformaciones se encuentra el caos en el sistema de salud, que si bien ha estado en el ojo del huracán por temas de insolvencia económica y corrupción (descargue el informe sectorial salud), entre otros asuntos, ahora se encuentra colapsado y más específicamente en las regiones donde se presenta el mayor número de ciudadanos venezolanos.

Como alternativa, desde inicios de 2017 el Ministerio de Salud abrió la puerta para que migrantes del vecino país pudieran acceder al sistema de salud nacional. Para ello, estableció cuatro opciones: como cotizante al régimen contributivo, en el que la mayor parte del aporte la hace el empleador. Como independiente, donde la totalidad del aporte al Sistema General de Seguridad Social en Salud lo hace el afiliado, pudiendo acceder al régimen subsidiado, así como al Plan de Beneficios sin ninguna limitación (Ver: ¿Por qué es Necesaria una Reforma Pensional en Colombia?).

La tercera opción va direccionada a aquella población que no tiene capacidad de pago y que está amparada por el Permiso Especial de Permanencia, PEP, que es soportado por el pasaporte y fue establecido mediante la Resolución 3015 de 2017, en la que la persona puede solicitar la aplicación de la encuesta del Sisbén, similar al caso de los colombianos, y si obtienen un puntaje que los ubique en nivel uno, dos o tres ingresar a dicho sistema.

Finalmente, está el caso de aquellos migrantes venezolanos que no posean el PEP y que permanecen en Colombia de manera irregular. Estos solo tienen derecho a la atención de urgencias, no obstante, el Ministerio ordenó que la atención de las mujeres y niños en condiciones de vulnerabilidad sea completa.

Precisamente, es sobre las dos últimas alternativas de acceso a la salud que recae la crisis del sector en las ciudades fronterizas. En el caso de los amparados por el Sisbén, el subsidio debe ser girado por el gobierno nacional, acción que se ha llevado a medias porque no hay recursos, ni para esa región ni para muchas otras del país.

En el caso de la atención por urgencias, la situación es peor. La orden está, pero nadie responde por los gastos; esto explica la crisis del Hospital Universitario Erasmo Meoz, Huem, en Cúcuta, que durante los primeros cuatro meses de 2017 atendió 3.600 pacientes venezolanos, entre ellos, casos de partos, hemorragias crónicas, crisis aguda de hipertensión arterial y víctimas por heridas. Derivado del hecho se registró una deuda de 3.200 millones de pesos, de los cuales el Ministerio de Salud pagó 1.200, por el restante nadie da razón.

Lo cierto es que en la Huem tres departamentos de urgencias están colapsados: el de adultos, el de pediatría y el de gineco-obstetricia, donde la capacidad de médicos, enfermeras y auxiliares es inferior a la cantidad de pacientes que se reciben. Nace la pregunta, ¿por qué los medios de comunicación poco o nada hablan del tema? ¿Políticas gubernamentales?

En Barranquilla, el caso es similar. Esto llevó a que las secretarías de Salud del Distrito y el Departamento, la Universidad del Norte y la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, adelantaran el diseño de un plan integral ante el riesgo de propagación de enfermedades. De nuevo: no hay quien garantice la financiación de los servicios de salud y tampoco existe un sistema de registro de información, de donde desprende la otra gran transformación, el empleo.

En esta rama se tienen dos tendencias. Por un lado, la mano de obra calificada nacional se está viendo desplazada por la venezolana, que en temas de desarrollo de software, medicina, ingeniería automotriz y de petróleos es altamente competitiva. Adicional, el nivel de los salarios, presionado por situaciones personales, es mucho más bajo. En otras palabras ¡poco es mejor que nada! La retórica simple de la necesidad mezclada con las oportunidades, que en un país como Colombia son limitadas, más para un extranjero, pero que los empresarios han empezado a abrir (Ver: Repensemos el Rol de la Fuerza Comercial).

La otra tendencia está relacionada con la mano de obra no calificada. Allí los venezolanos están cubriendo las plazas que los nacionales no quieren tomar. Sectores como el café, el floricultor y el comercio de menor categoría son el fiel reflejo. ¿Qué pasa con la mano de obra no calificada nacional? ¿Por qué no quieren trabajar? En el caso del agro, la respuesta puede ser el desplazamiento de los jóvenes hacía las urbes, sobre todo mujeres, en busca de mejores oportunidades.

De esta forma, al migrante se le replica el modelo que azota al campesino nacional, la débil institucionalidad en el campo, con el agravante de la falta de registro ciudadano, lo que genera un alto volumen de informalidad. Contradictoriamente, lo peligroso de esta situación es que de no cubrirse las plazas rurales con otra mano de obra (aporte que han hecho los migrantes venezolanos) o con sistemas de tecnificación eficientes, no se descarta una posible escasez de alimentos y tras ella una crisis económica, quizás otra Venezuela, aunque por causales distintas (Ver: ¿Se Concentra en el Agro Colombiano el Futuro Económico del País?).

30 off 2