Cuarta Revolución Industrial: ¿Una Nueva Puerta para el “Gran Hermano”?

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Cuarta Revolución Industrial: ¿Una Nueva Puerta para el “Gran Hermano”?
Miércoles, 03 Febrero 2021 06:35

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La asimilación de la cuarta revolución industrial en el país es un hecho positivo, pero se debe prestar atención a cómo está siendo afectada la vida de las personas ante la irrupción, en el plano personal y laboral, de nuevas tecnologías y plataformas.

Cuarta Revolución Industrial
Fuente imagen: Shutterstock

De acuerdo con un estudio de Internet Word Stats y la Cepal, el Índice de Penetración del Internet en Colombia (IPI) es de 68,6%, superior al promedio de la región que está en 58%, pero aún falta mucho por avanzar en conexión cuando, según el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), Cali es la ciudad con mayor IPI y este solo es del 31,2%, seguida por Bogotá y Medellín con índices de 26,1% y 25,8% respectivamente.

Por otra parte, MinTIC informó que Colombia también es uno de los países con más usuarios de redes sociales en la región, ocupando el puesto 14 en la lista mundial de naciones con más suscriptores de Facebook, pero también existen datos negativos, durante el 2020 se incrementaron gravemente las cifras de criminalidad informática, tan solo en el primer semestre de ese año se registraron 17.000 casos, con base a cifras del Centro Cibernético Policial.

Este aumento del crimen y de la exposición de las personas a medios digitales traen a colación la necesidad de preguntarse ¿qué riesgos enfrentan las personas cuando acceden indiscriminadamente a internet, cuándo compran aparatos tecnológicos, hacen llamadas o entran a lugares vigilados por cámaras y otros dispositivos?

Asimismo, también es conveniente cuestionar ¿qué pueden lograr otros con los datos que se suben día a día a la nube?, frente a esto, escándalos como el de Edward Snowden (Snowden: Valiente Detective o Traidor a su País?), quien reveló que la Agencia Nacional de Seguridad espiaba información de ciudadanos estadunidenses a través de registros telefónicos y datos de los servidores de internet, o el de la red social Facebook, que permitió que Cambridge Analytica creara más de 50 millones de perfiles ideológicos con datos de sus suscriptores, dejan la percepción de que el mundo digital es también un mundo distópico al mejor estilo de George Orwell y que hay un “Gran Hermano”, o varios, vigilando hasta el más mínimo aspecto de la vida de las personas.

Sobre lo anterior; si bien es cierto que ahora hay una mayor conciencia de la necesidad de una regulación que proteja los datos de los usuarios, y las redes sociales y aplicaciones han ajustado sus políticas y condiciones de uso; hay un margen muy delgado para el anonimato en internet. Cada usuario que accede al servicio deja una huella digital que es el registro de todas las acciones que ejecuta en la red desde consultas, pago de facturas, uso de aplicaciones, plugins, cookies etc., y no hay claridad frente a quién puede acceder a la información de los usuarios, con el agravante de que en la red no hay barreras de tiempo y espacio para obtener información.

Otro punto a tener en cuenta es que en muchas ocasiones chocan fuertemente aspectos normativos como las leyes de vigilancia y la protección de datos, los dispositivos de reconocimiento facial, por ejemplo, se han convertido en un elemento esencial de la seguridad pública y privada y las personas pocas veces son consientes de que incluso en los desplazamientos más mínimos son constantemente vigilados, además, no hay claridad frente a quien juega el papel de “Gran Hermano” y de si se puede confiar totalmente en él.

Finalmente, hay quienes abogan por una cultura en la que las personas estén más dispuestas a compartir información, como fue el caso del director legal de Microsoft, Brad Smith, en la CES 2021, pero también hay posiciones contrarias como la de Eli Pariser, exdirector de MoveOn.org, quien ha destacado la capacidad de los algoritmos usados para predecir los comportamientos de usuarios de redes y plataformas como Netflix, Facebook, Instagram de construir “filtros burbuja”, esto es, presentarles a los usuarios una experiencia personalizada en la que se sugieren contenidos afines al perfil del consumidor, cuentas que hablan sobre sus temas de interés y comparten opiniones similares, generando un sesgo cultural y político en el que el usuario está aislado de puntos de vista diferentes, el control en su máxima expresión.

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