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El Lado Oculto de la Donación de Órganos
Martes, 14 Febrero 2017 02:00 3237 Visitas

Written by  Artículos Especiales

El pasado 4 de febrero entró en vigencia la Ley 1805 de 2016 sobre la donación de órganos, aprobada por el Congreso de la República el año anterior. Con la sanción presidencial, todo colombiano que no haya manifestado en vida el deseo de no donar sus órganos se convierte en donante obligatorio de estos, al punto que ningún familiar o tercero puede oponerse a la extracción de órganos o tejidos.

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Fuente: Pixabay

La donación de órganos, que puede ser hecha por vivos o muertos, dependiendo de tipo de miembro, se hace con el fin de obtener órganos sanos para posteriores trasplantes. Los trasplantes médicos buscan prolongar la vida y la calidad de esta en pacientes que por cualquier motivo poseen órganos, tejidos o células enfermas, y que por medio de cirugías o fármacos no han logrado recuperarse. En Colombia, los órganos que se trasplantan actualmente son, por orden de importancia, riñones, hígado, pulmones, intestino y páncreas, y entre los principales tejidos de trasplante se encuentran huesos, médula ósea, vasos sanguíneos, córneas, tendones, cartílagos, esclera, membrana amniótica y piel.

Si bien la figura de la donación de órganos está establecida en el país desde el año 1998, la entrada en vigencia de esta ley supone la imposibilidad de modificar la voluntad de una persona que mientras vivió no expresó su negativa frente a la donación. Esto, tiene como fin de revertir la tendencia de los familiares de los fallecidos a oponerse a la donación de órganos, tendencia que, según la Red Nacional de Trasplantes, ha venido aumentando en más del 11% durante los últimos años y que ha contribuido al déficit de órganos que se presenta desde el 2013, teniendo en cuenta que la demanda de pacientes por órganos ha venido aumentando mientras que la oferta cada vez es menor.

Según el Ministerio de Salud, en Colombia cerca de 2437 personas están esperando un trasplante, sin embargo, el promedio anual de donantes durante 2016 solo alcanzó un valor de 420 personas, razón por la cual, solo cerca del 2% de los pacientes en lista de espera lograron un trasplante efectivo, mientras que el número de donantes correspondió al 5% de los demandantes.

Sin embargo, si bien esta ley está sustentada, de acuerdo con Rodrigo Lara, autor del proyecto y presidente de Cambio Radical, como un plan social y humanitario por medio del cual se busca salvar vidas, es bueno recordar algunos de los incentivos que se han gestado en el mundo alrededor del mercado de órganos de trasplante, que en ocasiones resultan perversos frente a las conductas que se adoptan por parte de los implicados en este tipo de procedimientos.

Un ejemplo de estas conductas se da en el caso español con la Organización Nacional de Trasplantes. Actualmente España es el país que realiza el mayor número de trasplantes al año; durante el 2016 el país se consolidó como líder por vigésima quinta vez, al alcanzar cifras de 43,5 donantes por cada millón de habitantes y realizar 4818 trasplantes. Así mismo, las personas en lista de espera en el país cayeron durante el año anterior. Sin embargo, los avances que ha tenido el país en materia de trasplantes han sido fuertemente criticados por la forma en que se gestionan los procesos desde el organismo público; la retribución económica que se hace a los funcionarios que participan en los procesos de donación, de acuerdo al número de órganos extraídos y trasplantados, hace que en el público español se genere la sensación de que dicha retribución genera conflictos de intereses en el gremio, ya que puede ocurrir eventualmente que los profesionales a cargo de los procedimientos de trasplante dejen de velar por los in
tereses de los pacientes que son susceptibles de convertirse en donantes, al punto de interrumpir los tratamientos, pues el beneficio que les reporta realizar el trasplante es mucho mayor que el generado por mantener al paciente enfermo y con vida.

De otro lado, la desigualdad en el acceso a los sistemas de salud también se ve reflejado en el fenómeno del trasplante. En Chile, por ejemplo, se han levantado fuertes críticas que apuntan a que en las entidades prestadoras de salud el sesgo socioeconómico que se genera en la asignación de órganos es muy fuerte. Mientras algunos pacientes tardan 5 años o más esperando un trasplante, se han documentado casos en los cuales a un mismo paciente se le han posibilitado dos trasplantes en tiempos record como fue el memorado caso de Jacinta Zañartu, una joven de 17 años a la cual se le trasplantó un corazón y un pulmón. En este mismo sentido, la desigualdad también contribuye a que, en muchas ocasiones, las personas con más ingresos sean las que efectivamente reciben los trasplantes ya que al ser procesos que toman tanto tiempo es precisamente este nicho del mercado quien se permite costear los tratamientos que posibilitan que los pacientes puedan mantenerse con vida y esperar tanto tiempo al trasplante.

En cualquier caso, la desigualdad en el sistema, que no es más que una muestra de la desigualdad de la sociedad, hace poner especial cuidado al fenómeno del tráfico de órganos, un problema global que se ha venido desenvolviendo en paralelo al turismo de trasplantes, dada la demanda y capacidad de adquisición por parte del público rico frente a la oferta, casi obligada, por parte de las sociedades que enfrentan mayores limitaciones de recursos.

Para contrarrestar este tipo de situaciones la ley que entra en vigencia en el país hacen referencia a las penas para quienes trafiquen, compren, vendan o comercialicen de cualquier forma componentes anatómicos, con penas que van de los 3 a los 6 años de prisión, así como también se prohíbe que los extranjeros sean receptores de órganos, a excepción de los conyugues de los nacionales. Sin embargo el país hace un importante paso hacia el desarrollo al contar con este tipo de ley en su constitución.

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