El Exceso de Capacidad Instalada Industrial Será Determinante para las Decisiones de Tasa de Intervención del Banco de la República

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El Exceso de Capacidad Instalada Industrial Será Determinante para las Decisiones de Tasa de Intervención del Banco de la República
Miércoles, 29 Marzo 2017 03:48

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El Banco de la República como órgano independiente del Estado es el encargado de ejercer las funciones de banca central, modificar la tasa de interés de intervención con el fin de llevar a cabo una política monetaria eficaz que permita mantener la capacidad adquisitiva de la moneda, con base en el movimiento de los precios, es decir, la inflación.

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 Fuente: Pixabay

La tasa de intervención es entonces aquella que determina el costo o beneficio, según el caso, mediante la cual acceden las entidades financieras a los flujos de dinero, por medio de las subastas de expansión o contracción. De este modo, la situación a la cual se ve enfrentada el Banco de la República, ante la actual coyuntura que se vive en el país, es compleja, en la medida en que éste debe tomar medidas que busquen hacer frente al aumento de la inflación, teniendo en cuenta los efectos directos que repercuten en el sector productivo y financiero.

El modelo IS-LM, planteado por John Hicks en 1937, es una herramienta que permite derivar cuáles son los efectos que se generan entre los mercados reales y monetarios a través de la conexión que se hace de la inversión y el ahorro con la masa monetaria, por medio de la tasa de interés, entendiendo que todas ellas son quienes determinan el nivel de producción de un país.

El planteamiento es sencillo: la tasa de interés es la que permite regular la cantidad de dinero que se inyecta en una economía vía demanda. Mientras mayores sean las tasas de interés, menores serán los intereses del público en demandar dinero vía créditos, por el costo que este representa.

En este sentido, el trade off que se genera entre ahorrar e invertir está mediado por la dirección en que se muevan dichas tasas de interés. Si las tasas de interés que se ofrecen en el sector financiero son altas, el incentivo que se da a la población va a estar direccionado al ahorro, en la medida en que el rendimiento que este genera será atractivo. Así mismo, si las tasas de interés son bajas el incentivo será el contrario: el rendimiento que genera tener el dinero en una cuenta de ahorros puede ser tan bajo que no compensa el “sacrificio” que se hace por mantenerlo en una entidad financiera; dicho de otro modo, el incentivo será tener una mayor liquidez, que bien puede utilizarse en el consumo de bienes y servicios, con el fin de mejorar nuestra satisfacción y bienestar, o bien puede direccionarse a cualquier proyecto de inversión que, aunque posee mayores niveles de riesgo, puede generar mayores rentabilidades en el mediano y largo plazo.

Es posible entonces entender cómo la producción de un país está atada a la demanda, la cual a su vez está determinada por los tipos de interés que se tienen, en la medida en que estos incentivan el consumo de bienes de consumo final, bienes intermedios o bienes de capital, según el caso.

Ahora bien, si se compara este año con el anterior, el optimismo frente al comportamiento de las principales variables de incidencia sobre los precios es latente. El hecho de que el Banco haya decidido en su pasada sesión reducir en 25 puntos básicos la tasa de intervención, es muestra del panorama que se prevé se desarrolle en los próximos meses. A pesar de los efectos de la reforma tributaria en los precios de los productos, por cuenta de la expansión en la canasta de bienes gravables y el aumento del IVA, que se espera aporte 0,5% a la subida del IPC, existen otros factores que alientan a que los precios se mantengan altos y sostenidos. Las medidas de la FED en materia de la política monetaria de los Estados Unidos, junto con las medidas tomadas por la OPEP y sus acuerdos para reducir la producción petrolera, los cuales contribuyen a estabilizar el tipo de cambio, y la mejora en la producción agrícola por cuenta de unas condiciones climáticas mucho más favorables durante el año, son algunos de ellos.

Así mismo, la desaceleración que se viene presentado con un crecimiento del 2% en 2016, hace poner los ojos de los directivos del Banco en los excesos de capacidad instalada en la industria, la cual culminó el año anterior con una capacidad instalada del 77%, mientras que los inventarios y pedidos se ubicaron cercanos al 85%, según cifras reportadas por la Asociación Nacional de Industriales.

Si se tiene en cuenta el deterioro que se ha venido presentando en la confianza del consumidor, la baja dinámica en las exportaciones industriales que no logran despegar y los limitantes que tiene el sector industrial en materia de competitividad, como los altos costos logísticos y el contrabando, no es difícil entender por qué los directivos esperan que en 2017 los precios se ciernan con mayor rapidez a la baja, resultado de una producción sostenida frente a una demanda cada vez más limitada, en gran medida por las medidas tributarias y el bajo crecimiento de los salarios.

De este modo no es extraño entender cómo, con la tranquilidad de que la inflación no sobrepase las expectativas que se esperan durante el año, el Banco continuará moviendo su caballito de batalla a la baja, con la finalidad de impulsar el consumo y la inversión que ya se ven estancados, de modo tal que se logre dinamizar un poco la producción y se permita mejorar, en la medida de lo posible, las bajas proyecciones de crecimiento que se están previendo en el país.

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