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En Silencio Brasil ha Pasado la Página. ¿Volverá el Gigante?
Lunes, 15 Mayo 2017 12:06 234 Visitas

Written by  Artículos Especiales

En el 2012 varios periódicos mundiales titulaban que a pesar de la desaceleración económica que inundaba a América Latina, Brasil seguía firme y continuaba sacando a su gente de la pobreza. Para ese entonces, crecía por encima de sus pares, aumentaba el consumo per cápita y atraía inversión extranjera como nunca en su historia. Ese año la clase media estaba conformada por 104 millones de personas (53% de la población total), el doble poblacional de un país mediano de Europa, cifra difícil de ignorar por un inversionista, y en contraste con el dato de una década atrás, cuando alcanzaba tan solo el 38%. Los planes de convertirse en la potencia agrícola mundial sacaron a millones de brasileros de la pobreza y le consiguió un cupo al país en el famoso club de los BRICs. (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

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Fuente: Pixabay

Sin embargo, al año siguiente, cuando todo parecía estar marchando bien, el aumento en el costo del transporte público (bus, metro y tren), desató las protestas más grandes que el país ha presenciado en su historia reciente. Millones de jóvenes salieron a las calles a marchar en un principio por el incremento del precio del transporte, excusa que sirvió para expresar las inconformidades con los sobrecostos para el Mundial de Fútbol del 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio 2016, recursos que deberían ir prioritariamente para salud y educación. Junio del 2013 pasaría a la historia como el mes de las protestas masivas que abrieron los ojos de los inversionistas, quienes veían desde los televisores en NY, Londres y Tokio, como los bonos del gobierno caían en más de dos dígitos y el Real brasilero perdía abruptamente valor frente al dólar.

El exitoso crecimiento del país desde el 2000, que llegó aumentar el PIB en 7,5% en el 2010, jalonado por el consumo de las familias y de la clase media creciente, se agotó. El desempleo disminuyó a niveles históricamente bajos y el gasto generó una alta inflación que el gobierno buscó contener por la vía de precios administrados, lo que fiscalmente se volvió insostenible. Políticamente existía una puja permanente entre el gobierno y el congreso, quién impidió pasar reformas fiscales claves para subsanar las finanzas en el mediano plazo. Y finalmente, el gran protagonista del desastre: la corrupción. En el 2015, la petrolera insignia del país, Petrobras, enfrentó un escándalo por haber otorgado sobornos por más de $2.000 millones de dólares a funcionarios públicos, hecho que desató que la presidenta, Dilma Rousseff, enfrentara un juicio de 10 meses en el congreso que terminó destituyéndola de su cargo el 16 de septiembre de 2016. Estos años, 2013 a 2016, llevaron a Brasil a la peor recesión en 80 años, con una inflación de dos dígitos, un desempleo que superaba el 11% y una contracción del PIB de 3,8% en el 2015.

Hoy el panorama no es mucho más alentador; sin embargo, empiezan a identificarse variables que apuntan a una recuperación de la economía más grande de América Latina. El panorama político ha mejorado desde la destitución de Rousseff. El presidente Michel Temer ha conseguido aprobar una reforma económica que limita el crecimiento del gasto público, ha desarrollado un ambicioso plan de infraestructura mediante concesiones para la construcción de aeropuertos y secciones de autopistas, y este mes pondrá a prueba su poder en el congreso para pasar una reforma bastante impopular, pero necesaria, al sistema pensional y código laboral.

A pesar de que la inversión extranjera directa (IED) sigue cayendo, la pérdida de valor del Real en más del 50% frente al dólar en los últimos 5 años ha vuelto atractivas las empresas insignia de Brasil, que buscan disminuir las deudas que les ha traído la recesión, situación que han aprovechado los compradores extranjeros. Las compañías se han puesto en venta, total o parcialmente, a la mitad de su valor contable según lo evidencian las adquisiciones chinas de empresas como Vale SA (productora de hierro) y Camargo Correa SA (constructora de obras civiles). Por el lado de comercio exterior, la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha favorecido en silencio a la economía brasilera, pues los inversionistas están huyendo de México y buscando refugio en otro país emergente, que tenga poca dependencia del comercio exterior.

Los datos macroeconómicos tienen comportamientos adversos. Mientras la inflación se ha reducido más de 5% desde enero de 2016, cuando se ubicó en 10,71%, a 4,57% en marzo de 2017, el desempleo sigue en aumento, alcanzando en marzo de este año el nivel históricamente más alto de 13,7%. Por el lado del PMI, índice que mide el comportamiento de la manufactura, superó la barrera de contracción de los 50 puntos en febrero por primera vez desde enero del 2015.

Brasil está en un punto de inflexión y el 2017 será determinante. Por ahora, la confianza inversionista extranjera ha mejorado, las reformas políticas y el crecimiento industrial han propiciado un mejor panorama. No obstante, el empleo, el gasto de los consumidores y la desconfianza a las instituciones golpeadas por la corrupción parecen no mostrar señales de recuperación. ¿Podrá Brasil superar las barreras y volver a ser la economía prominente de principios del milenio? Los inversionistas extranjeros ya han empezado a hacer sus apuestas a favor, ¿y usted?

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